Thursday, August 18, 2011

Homofobia en la comunidad latina: Camino de cambios - Por David Valenzuela (Especial para HNYP)


En junio, Nueva York se convirtió en el sexto estado del país en hacer realidad elmatrimonio entre personas del mismo sexo. Con la entrada en vigor de una ley batallada hasta el hastío y desde hacía meses por el gobernador demócrata Andrew Cuomo, se acabó con una de las mayores anomalías del país: ¿Hasta cuándo iba a estar el lugar que fue cuna del movimiento en favor de los derechos de los homosexuales sin permitir las bodas gays? Ahora, tras esa aprobación y tras comprobar que aún hay quien lleva su oposición en la materia a terrenos peligrosos, uno se pregunta si el camino de cambios que la sociedad y en particular algunos miembros de la comunidad hispana deben andar para reconocer los derechos de todos ante la Ley y respetar al diferente.

Tras la entrada en vigor la ley con toda fanfarria, fueron muchas las parejas del mismo sexo, entre ellas muchísimas latinas, las que se dieron el "sí quiero" en las dependencias municipales de la ciudad de Nueva York ante el júbilo de sus amigos y familiares. Fuera de esas dependencias sorprendió ver no sólo a defensores sino también a detractores de la ley. Entre esos detractores, también había latinos, como latinos hay entre quienes apoyan a quienes ya se han apresurado a presentar una demanda contra la aprobación del matrimonio igualitario.

¿Por qué el ataque contra los homosexuales y su lucha por lograr los mismos derechos no provoca rechazo entre muchos sectores de la población? ¿Por qué son muchos quienes creen que esa especie de homofobia es tolerable y se puede defender en público sin pena ni vergüenza? ¿Hasta cuándo nos va a tocar defender la imagen de la comunidad hispana en ese sentido? Y es que son muchos los que se descubren pensando que sí, que los hispanos con su herencia católica, se sienten cómodos jugando con la homofobia, mirando mal al que es diferente, llamándolo maricón a la espalda o a la cara, y sin asumir que en esta viña del señor hay sitio para todos. Al menos, así me lo ha manifestado más de un conocido. “Sí, con los latinos ya se sabe”, suelen decir condescendientes. Pero es que cómo se ha envenenado la imagen de los hispanos en ese sentido. Para muchos neoyorquinos uno de los responsables de que la ley del matrimonio gay no llegara antes tiene nombre latino: el senador (y reverendo) puertorriqueño Rubén Díaz.

A cada palabra, Díaz se ha esforzado por dejar claro que no comulga con que los homosexuales disfruten de una igualdad de derechos, pero el reverendo metido a político no está solo. Hay muchos en Nueva York y en todo el país que piensan como él e incluso van más allá. Muchos, latinos y anglos y de muchos orígenes. La instransigencia se ha apoderado de ciertos sectores de este país de una manera lamentable y atemorizante. Hay que creer que medidas como la aprobada en este Empire State ayudarán a normalizar la visión que todos tienen de la homosexualidad y hacer una realidad la igualdad de derechos. Porque parece que queda mucho por hacer.

La mañana en que se conoció la noticia de que se presentaba una demanda contra la ley del matrimonio gay, no hacía falta más que encender una emisora de radio latina, para echarse las manos a la cabeza. Está muy bien divergir sobre asuntos, pero ¿qué ocurre con los latinos para que sigan demostrando su rechazo a los homosexuales y ni si quiera lo escondan? No se oye a nadie decir ya que las mujeres tienen menos derechos que los hombres, ni que demasiado han avanzado ya los negros, pero sí hay menos tapujos a la hora de ser homófobo. 

¿Hasta cuándo?

Una de las cosas que esa mañana salió de la boca de un comerciante que llamó a la emisora de radio fue que, desde que se aprobó la ley en Nueva York, los hombres -ojo, los hombres solamente- quieren usar el baño de su establecimiento dedicado a las mujeres. ¿Qué significa ese comentario? ¿Y qué me dicen de comentarios como el que sigue que se puede ver en cualquier web de noticias que hablen del matrimonio gay?

“¿Cómo se puede permitir tal adefesio? Lo peor de este desastre es que después adoptarán niños para criarlos degenerados como ellos (…) Por favor, Jesús, regresa. Esto es la Apocalipsis. Metan esos degenerados a las cárceles”, escribió sin temor esa misma mañana en la web de la emisora una usuaria llamada lagunanegra desde Elizabeth, New Jersey.  A ese comentario siguen otros no más simpáticos. “Estas viejas perras deben desaparecer. No son más que un aborto de la naturaleza. Descarados maricas”, decía en la misma web el usuario mont123, de Corona, Queens.

Hay que ser consciente de que la homofobia -ni el machismo- no es única de la comunidad hispana, pero, sinceramente, ¿qué hay que hacer para que empiece a verse esa práctica como algo malo, como algo de lo que avergonzarse? La pregunta en sí misma es triste, pero ¿no es acaso más triste que se dilapide la imagen de una comunidad con comentarios como ése? ¿Ayudará la aprobación del matrimonio gay a que todo eso cambie? Demasiadas preguntas sobre el camino de cambios por el que anda nuestra sociedad.

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