Friday, November 11, 2011

Pinta (I): Nuevos signos de visión - Por Adriana Herrera Téllez (Especial para Hispanic New York)


Sol Aramendi: Dancing with Myself  (2011) Courtesy of Praxis International Art


La quinta edición de Pinta Nueva York está marcada por dos ejes derivados de la misma naturaleza del arte latinoamericano: profundidad y heterogeneidad. Hace cinco años, el lanzamiento de esta feria de arte moderno y contemporáneo sin equivalente se caracterizó por la elegancia de una instalación que reveló la creación latinoamericana desafiando los estereotipos, e hizo énfasis en la abstracción geométrica que atravesó el continente de sur a norte. Ahora, habiendo logrado consolidarse, la atmósfera de Pinta es familiar y, en la vasta producción artística que abarca, destaca la profundidad de su perspectiva expositiva.

Faivovich & Goldberg: Meteorit El Taco - Planetarium view

Este signo marca tanto la sección curada por el crítico italiano Jacopo Crivelli Visconti con galerías invitadas que presentaron a Faivovich & Goldberg y Patricio Larrambebere (Argentina), Iván Candeo y Claudio Perna (Venezuela), Eder Santos, Fernanda Gomes y Lygia Pape (Brasil); Jonathan Hernández (México), y Rómulo Aguerre (Uruguay); como las propuesta de galerías que optaron por proyectos con una visión curatorial.

Espacio Mínimo reunió obras de artistas de diversas generaciones y países –Liliana Porter, Felipe Cortés y Gamaliel Rodríguez, particularmente- apostados en el límite entre representación y realidad, y en la tensión paralela entre arte y poder. Artepuy dedicó la mitad de su espacio a nuevas exploraciones de Cecilia Paredes que fusionan lo ornamental y lo expresivo: sus instalaciones abstractas atribuyen a objetos naturales estados afectivos como la melancolía. Nohra Haime Gallery exhibió piezas de diversas épocas de Antonio Seguí: sus reapropiaciones de clásicos renacentistas, tanto como su iconografía del hombrecito de sombrero demodé que camina en alguna urbe pululante donde todo es caos y aislamiento.

Cecilia Paredes: African weaved raffia and porcupine quill

Las indagaciones de los artistas exhibidos por Crivelli abarcan desde lo minimalista hasta el viaje como estrategia y metodología conceptual que incluye las documentaciones de performances. De ahí el blanco espacio donde la brasileña Gomes (Galeria Graça Brandão), funde materiales prosaicos como la cinta adhesiva, con su poderosa obra abstracta de gestos mínimos, y desvanece el límite entre la pared y el cuadro, integrando el espacio circundante a una geometría que interroga la frontera de la mirada. O las documentaciones de los viajes e intervenciones en el espacio público que reflejan el modo en que el venezolano Claudio Perna (Henrique Faria Fine Art), desafió el mapeo y la hegemonía artística y política de su tiempo. La retícula cuadrada que paseó de la urbe al desierto, y los rectángulos de color cortados en tela que usó como pintura flotante sobre el cuerpo masculino desnudo e inmerso en parajes naturales, contaminaron con la materia de la vida y su desorden la impoluta geometría cinética.

En los dos extremos de los proyectos curados por Crivelli se presentaron instalaciones del brasileño Eder Santos (galería Celma Albuquerque) y del venezolano Iván Candeo (La Oficina) quienes comparten la alusión mediática y la transferencia de las formas de representación provenientes de la informática o la comunicación masiva al campo artístico. Pero sus zonas de exploración son de signo opuesto. Santos usa una ingente cantidad de monitores, la mayoría en desuso, para reproducir la imagen de perros filmados encerrados en una caja con una pared de vidrio, como las mismas pantallas. Su interés no es observar su conducta sino la reducción de toda realidad a un juego de imagen encerrado en una caja, que también refiere al “cubo blanco” donde la observa el espectador. Candeo recurre al viejo formato del “prompter” -usado para leer mensajes durante grabaciones de televisión- para reproducir fragmentos de discursos pronunciados por líderes ante las masas. Al escribirlos al revés representa irónicamente la perversión de la historia como eco invertido de las declaraciones políticas. También usa monitores de televisión que reproducen la parafernalia mediática que rodea a las figuras políticas en contraste con la monotonía de las expresiones. La obra recrea cómo, independientemente de la variación de los discursos, el poder es homogéneo: se reproduce a sí mismo y vacía todas las palabras de sentido, o las convierte en una ficción que tampoco importa descifrar.

El desvanecimiento de las fronteras entre lo real y lo falso a partir de la representación que igualmente revela su propia artificiosidad, o la relación entre medios masivos, representación artística, e historia y ficción, es clara en el proyecto con obras del mexicano Johnatan Hernández (Nara Roesler) y sus especulaciones históricas que utilizan y subvierten la información de medios impresos; o en el proyecto de Faivovich & Goldberg (Cosmocosa), desarrollado a partir de las narrativas que desató el hallazgo de un meteorito en Argentina y sus rastros gráficos. 

También está presente en el modo en que Gamaliel Rodríguez imita la estética de un grabador decimonónico con bolígrafo azul para representar documentalmente casas reales relacionadas con el narcotráfico o con las armas de destrucción masiva. Felipe Cortés usa a su vez la metodología de un detective privado para seguir las pistas de unos falsificadores por varios países recurriendo a retratos hablados y otros medios como la ampliación de gráficas con tinta de sello o tampón. Son sólo ejemplos del modo en que Pinta 2011, abarca también las reapropiaciones que el arte contemporáneo hace de lo documental instaurando otras visiones.

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